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CÁNTICOS GRADUALES
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CÁNTICOS GRADUALES

HIMNOS PARA UN PUEBLO PEREGRINO

BURT DAVID F.

14,00 €
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Editorial:
PUBLICACIONES ANDAMIO
Materia
Comentarios
ISBN:
9791388123030
Páginas:
192
Dimensiones:
14cm ancho x 21 cm alto
Encuadernación:
Rústica (Tapa Suave)
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Puesto que la vida cristiana es un camino, no debe sorprendernos que varios de los viajes descritos en el Antiguo Testamento nos sirvan de ilustraciones de nuestra experiencia en el camino.
La vida cristiana es una senda más o menos larga y más o menos estrecha. Empieza con un momento de decisión, de conversión, cuando dejamos atrás la vieja vida y comenzamos a caminar con Jesucristo, con nuestra mirada puesta en el destino: la ciudad celestial. El período entre nuestra conversión y nuestra redención final no es un tiempo de mera espera pasiva e inútil que tenemos que soportar pacientemente, sino más bien una experiencia de viaje, un largo peregrinaje lleno de peligros y obstáculos, pero también de bendiciones edificantes, en el cual vamos siendo enseñados, santificados y conformados a la imagen de nuestro Salvador.

Los salmos 120 a 134 tienen un título en común: “cántico gradual”. Se llaman así porque el camino a la Jerusalén terrenal era cuesta arriba y los peregrinos debían subirlo “grado tras grado”. Estos salmos son cánticos de ascenso, alabanzas que los judíos entonaban mientras subían a la ciudad. Son canciones de viaje, de peregrinaje. Asimismo, pueden servirnos a nosotros también como estímulo mientras vayamos subiendo la larga cuesta hacia arriba hasta llegar a nuestro destino: la Jerusalén celestial.

Índice de Los cánticos graduales

El camino de la santidad (Isaías 35:8-10)
El punto de partida (Salmo 120:1-7)
Peligros en el viaje (Salmo 121:1-8)
Llegada a Jerusalén (Salmo 122:1-9)
El peregrino y su Dios (Salmo 123:1-4)
Socorro y liberación (Salmo 124:1-8)
Jerusalén, los justos y los injustos (Salmo 125:1-5)
El retorno desde el cautiverio babilónico a Jerusalén (Salmo 126:1-6)
Construir la casa (Salmo 127:1-5)
La dicha de los que temen a Dios (Salmo 128:1-6)
Derribados, pero no destruidos (Salmo 129:1-8)
De profundis (Salmo 130:1-8)
Malos deseos (Salmo 131:1-3)
El compromiso de David con Dios (Salmo 132:1-10)
El compromiso de Dios con David (Salmo 132:10-18)
Comunión fraternal (Salmo 133:1-3)
En la casa de Yahweh (Salmo 134:1-3)

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